ANTE LA DESGRACIA, JESÚS ES CONSUELO.
REFLEXIÓN DOMINICAL.
Antonio Fernández.
04 de septiembre de 2010

…”Sed misericordiosos como es misericordioso vuestro Padre”… (Lc. 6.36)

Por fe creemos que en las horas de mayor desolación siempre tenemos a Dios de nuestro lado, reconociéndonos pecadores arrepentidos, la fe en Jesús nos lleva a comprender y creer que todo es y ha sido obra del Señor, dando gracias a su benevolencia. El cultivar la fe a través de la oración sin ostentación, el valorar en cada palabra una solicitud elevada al Señor, la practica de sacramentos con devoción, son actos de piedad que dispone el alma al Señor, encontrando en los mandamientos del Señor y su Doctrina medios que fortalecerán el alma, espíritu y cuerpo para no volver a caer en las crisis del mundo. Cuando la fe es poca, lo común de la gente del mundo el creer que fe es dirigirse a Dios con fuerza e insistir en su ayuda al no recibir lo que piden, desesperados exigen y ordenan a Dios diciendo; ¿Qué pasa? ¡Acaso no estás para ayudarme cuando te ocupe! El Señor ¡Calla! y espera que esa alma recapacite su error y entienda que dirigirse a Dios, no es dirigirse al hombre del mundo; es hacerlo con amor y convencimiento; arrepentimiento y humildad, porque hablar a Dios es dirigirse al creador de todo lo que existe en el universo y de cada ser humano hecho a imagen y semejanza suya; de ahí que al carecer de fe, todo lo que solicite quedara en nada, porque la fe no es algo que hoy lo tomo y mañana, sino lo ocupo lo dejo; ¡No! Fe es creer hoy siempre en;…”Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo su único Hijo, Señor nuestro”…Quien pierde la fe o juega con ella, el Señor al instante se aleja del incrédulo, su divinidad no puede estar cerca del pecador, una cosa es cuando el alma padece, el Señor esta a su lado, pero cuando peca se retira.
El deseo de Jesús es que acrecentemos nuestra fe. A través de su peregrinaje por el mundo, nos da testimonio de su misericordia, para aprender de su benevolencia la entrega al prójimo en desgracia, se acerca sin que lo llamen a conceder ante las crisis que padecen las almas, se conmueve en sus entrañas el deseo de acudir a su auxilio. De ello ilustra el evangelista;…”Después (Jesús) se encaminó a una ciudad llamada Naím; iban con él sus discípulos y una gran muchedumbre del pueblo”…Jesús apresura el paso por llegar a Naím, conocida como “la graciosa” ciudad de Galilea. El Señor tiene todo preparado con exactitud divina, quien lo acompaña es una muchedumbre que no tiene idea de lo que el Señor va ofrecer. Nos dice San Lucas;…”Al llegar a la puerta de la ciudad, he ahí que era llevado fuera un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda, y venía con ella mucha gente de la ciudad”…Esta es la razón del apresuramiento de Jesús, encontrarse con la comitiva del hijo difunto y convertida en una muchedumbre con la que venia con el Señor. Dios, conoce el pasado, presente y el futuro del mundo y de cada persona; desde tiempo sabe la tragedia que soporta esa pobre mujer limpia de corazón y la encrucijada de dolor y pena que nada, ni nadie puede consolar. Era costumbre en Israel, dice Flavio Josefa que al pasar una comitiva con un difunto, se dejaban de hacer las cosas y se disponían acompañarlo a la tumba; sucede lo que Jesús ha previsto, la muchedumbre será testigo del milagro portentoso a realizar. El pueblo sabe y tiene presente; Dios concede la vida y la toma cuando así lo considera y también la puede devolver. Ante la irreparable desgracia de la muerte del hijo, la aflicción de la viuda enternecía los sentimientos al escuchar sus lamentos y mas en Jesús; mientras para la mujer todo era desgracia, en Jesús era preparación de la resurrección del difunto. En la viuda, como en nosotros al vivir una angustiosa amargura y momentos de desolación, apreciamos la clemencia que nos muestra en este milagro, porque así ve nuestras penas y dolores y cuando viene la solución que no se esperaba, el alma comprende; el camino del hombre es una nada y el del Señor misericordioso.
…”Al verla, (la viuda) el Señor movido de su misericordia hacia ella le dijo; No llores”…Jesús no fue llamado por la viuda, Él se acerca conmovido por el dolor que ella mostraba, vio su corazón desierto. La lección de Jesús, es que nunca esquivemos el contacto del Señor, sino afianzarse cada vez en Él, el alma en su gracia percibe la presencia de la fuente perenne de sus dones divinos. Lo que necesitamos para las cosas del mundo tienen un costo que nos esforzamos en obtener, las necesidades del alma son de un costo mayor, porque esta en juego la lucha continua para estar al lado de Jesús. Ante la expresión del Señor;…”No llores”…La viuda ha sentido una alivio que la ha consolado, atraída por su voz, ve en Jesús, lo que no había visto en nadie; su misericordia, al instante sabe que es Él quien habla a su corazón, ve que mas que acompañarle a la tumba desea hacer algo mas que no comprende. El evangelista en palabras concisas nos pinta el cuadro de ese instante;…”Y se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron”…Jesús se pone a un lado del féretro; pongamos en la mente el silencio de la multitud que atenta sigue cada acto; la mano del Señor detiene a quienes cargan el féretro; mano misericordiosa de Jesús que nos hace a nosotros cuando al ir a los goces de la vida, pone su mano en el corazón para que detengamos el temperamento y frenar el impulso de la mente que induce al goce, pero que por la incitación el alma no la siente y no escucha. Continuando con Jesús;…”Entonces dijo: muchacho, yo te digo: ¡Levántate!”…He aquí el milagro del Señor a la vista de una multitud asombrada, que admirada y sorprendida entre otras cosas dicen; ¡Viste, lo revivió! ¡Le ordeno y se levantó! ¡Un poder único! Pero ninguno conmovido se acercó a Jesús arrepentido a reconocer su divinidad de Hijo de Dios, ninguno dijo a otro es el Mesías, todo fue morbo; ¿Qué nos enseña Jesús en este milagro de la resurrección del hijo de la viuda? ¡Mucho! La resurrección espiritual del pecado; cuantas veces se cae, el nos resucita al sincero arrepentimiento de no volver a pecar, también nos queda claro; que Jesús se acerca al pecador con su gracia y realiza en él, el perdón, que es volver a la vida espiritual. El difunto al volver habla y significando la confesión del mal proceder;…”Y lo devolvió a su madre”…Es volver a la Santa Madre Iglesia. La respuesta del pueblo incrédulo nos lo dice el evangelio;…”Todos aquellos poseídos de temor, y glorificando a Dios, decian: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y Dios ha visitado a su pueblo”…No reconocen a Jesús ser él Hijo de Dios, sino profeta, que tiene poder de Dios para dar la vida; ¿Cómo se sentiría el corazón de Jesús ante este rechazo? Olvidémonos de esta soberbia y confiemos en Él con fe.
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